Que resurges potente otra vez

Dieciséis años. Dieciséis años después de aquella tarde mágica en el Westfalenstadion de Dortmund, el Deportivo Alavés volverá a disputar una final. Esta vez, el Glorioso peleará con el Fútbol Club Barcelona para proclamarse campeón de la Copa del Rey. Un gol de Edgar Méndez en el partido de vuelta de las semifinales contra el Celta de Vigo selló el pase a la final, que se disputará el 27 de mayo.

Todo apuntaba a que iba a ser una noche especial en Mendizorroza. Los aficionados alavesistas ululaban por las calles de camino al campo, cantando y animando ya desde horas antes del comienzo. Y el estadio del Paseo de Cervantes se vistió de gala, tal y como requería la ocasión. Las gradas se tiñeron de azul y blanco y se formó un impresionante mosaico para recibir a los jugadores a su salto al terreno de juego. Por si fuera poco, desde una pancarta en la grada de Iraultza, Compañón y La Paca, dos personas que entregaron su vida y su amor al club, velaban por el equipo.

El partido fue vibrante. Los gallegos sabían que un tanto suyo obligaría a los vitorianos a marcar dos para darle la vuelta al marcador y supieron jugar con ello. De hecho, hubo alguna que otra ocasión clara que finalizó en un suspiro de alivio general de toda la grada. Los locales, por su parte, jugaron con la ventaja de tener a casi 20 000 personas detrás, 20 000 personas que no dejaron de animar ni un solo momento.

El gol de Edgar en el minuto 82 provocó el estallido de la grada. Todo Mendizorroza se vino abajo, eufórico. Ese tanto, a ocho minutos del final, podía suponer el pase a la primera final copera del equipo albiazul y los aficionados lo sabían. Solo faltaba un último empujón. Un último empujón que se hizo eterno, ya que Mateu Lahoz, el árbitro del encuentro, añadió seis minutos que se alargaron incluso más. Sin embargo, el equipo aguantó y certificó su pase a la gran final.

Edgar bate a Sergio, portero del Celta, y consigue el gol que da el pase a la final al Alavés (Marca).

Nada más sonar el silbido final, los fuegos artificiales iluminaron el cielo y comenzaron las celebraciones. El Alavés volverá a estar en una final. Han sido años difíciles para los albiazules. Pese a estar a punto de tocar el cielo en Dortmund, el club comenzó a decaer en los años posteriores y, a causa de la nefasta gestión (la de Piterman es el mejor ejemplo de esto), llegó a tocar fondo.

Tras varios años deambulando por el pozo de la Segunda B, el Alavés consiguió salir a flote de nuevo. Esto se debió, en gran parte, al apoyo incondicional de la afición, que no lo abandonó ni en sus peores momentos, así como al de algunos que llegaron en los momentos más complicados y lo hicieron para quedarse. Sendoa Agirre, por ejemplo, uno de los jugadores emblemáticos de la experiencia en Segunda B y que ayudó al equipo a regresar a la categoría de plata, paseaba ayer, como delegado, por el césped al final del encuentro. Tan contento como cualquier otro aficionado.

Ahora, el equipo vitoriano se encuentra en una cómoda posición en Primera y peleará por llevarse el trofeo copero. Como entonó la grada de Mendizorroza en varias ocasiones, EL BRAVO EQUIPO ALBIAZUL RESURGE POTENTE OTRA VEZ, empujado por esa afición fiel que lo ha acompañado en todo momento y que se merece vivir una alegría en forma de final de Copa.

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